A ella, estaba claro, le gustaban los chicos malos y yo no pude sino resignarme. Pero mi mente previsora no erró en su visión; no me extrañó en absoluto verla llegar con el ojo izquierdo tiznado en violeta y esos labios de fresa, mi perpetuo delirio, partidos en dos. Cobijarse en mí siempre había sido su solución a todo, pero llegada una edad le alenté a que empezara a cobijarse en la policía. Cuando se marchó, vacilante en el paso, nuestros años de amistad ya me advirtieron que no iría por su propio pie. La última vez que supe de ella fue en el informativo de las tres.
Mi humilde aportación a la jornada 14 del Concurso de Microrrelatos de Hoy por Hoy (Cadena Ser)

1 se atreven a hablar:
Me gusta mucho tu blog, es diferente.
Bon Nadal
:)
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