2:34, Llego a casa alegre, mente abierta, horizontes que alcanzar, una pena escoltada por nubes de satisfacción, pero que no me deja ser del todo feliz.
Ya lo dijo antes mi vieja.
-¿Qué tal todo con esta chica?
-Bien, pasamos un día genial, fuimos al cine, nos divirtimos mucho, pero la dejé.
-¿Que la dejaste?
-Sí, la dejé, preferí hacerlo ahora antes de que se enamorara más de mi.
-¿Pero porqué?
-Por que yo no estoy enamorado de ella.
Y es la verdad, ella es una chica que te da alegría, que te enseña, que te ayuda, que trasmite, en definitiva. Una chica con la que da gusto pasar la tarde.
Pero no estoy enamorado de ella.
Ella sí de mi, mucho. Pero yo no lo estoy.
Y le he roto el corazón. Me tenía en lo más alto de su pedestal, me idolatraba, se moría por mis huesos, mi cuerpo mi forma de hablar de mirarla, por todo. Y se veía en su cara; estaba enamorada.
Pero yo no. No lo estuve. No lo estoy. Y si sesenta y cinco días junto a ella no han sido suficientes, no lo estaré.
Una relación rota por un sueño. Un sueño que tuve hace dos noches. Un sueño poco común en mi. Un sueño~recuerdo. Recordándola a ella. Oh, a ella sí que la amaba. Con toda mi alma, mis fuerzas, mi talento, mi tesón, mis ganas, toda mi capacidad volcada en complacerla, en adorarla, en hacer que se sintiera a gusto, en casa. Seiscientos cuarenta y dos días pasé con ella, amándola desde el primer beso hasta el último aliento. Sí, la echo de menos. Y lo ha pagado quien no se lo merecía.
Todo es mi culpa; y les pido perdon. A las dos, a una por romperle el corazón; a otra por no aprovechar más mis días para hacer de su vida algo más que un sueño. Pero una ya no está, la eché. Y la otra tampoco está, se fue. Y no volverá.
Y podré seguir enviandole cartas, que nunca le llegarán. Nunca las leerá. Nunca recibirá la pequeña gota de la miel de mis venas que adjunto con ella. Ni el valor de mi aliento que, aún carente ya de precio, busca rescoldos y ruinas entre los que mirar hacia un lugar más seguro, un lugar más fértil, más apacible, donde los sueños se hagan realidad y hasta los recuerdos se repitan.
2:47 Una lágrima cae, mezclándose en mi mejilla con el sudor de mi frente.
Hace calor. Mucha calor. Me cuesta pensar y descansar en un mundo que me es tan antagónico.
Necesito una ducha de Nitrógeno líquido a presión.
Ya lo dijo antes mi vieja.
-¿Qué tal todo con esta chica?
-Bien, pasamos un día genial, fuimos al cine, nos divirtimos mucho, pero la dejé.
-¿Que la dejaste?
-Sí, la dejé, preferí hacerlo ahora antes de que se enamorara más de mi.
-¿Pero porqué?
-Por que yo no estoy enamorado de ella.
Y es la verdad, ella es una chica que te da alegría, que te enseña, que te ayuda, que trasmite, en definitiva. Una chica con la que da gusto pasar la tarde.
Pero no estoy enamorado de ella.
Ella sí de mi, mucho. Pero yo no lo estoy.
Y le he roto el corazón. Me tenía en lo más alto de su pedestal, me idolatraba, se moría por mis huesos, mi cuerpo mi forma de hablar de mirarla, por todo. Y se veía en su cara; estaba enamorada.
Pero yo no. No lo estuve. No lo estoy. Y si sesenta y cinco días junto a ella no han sido suficientes, no lo estaré.
Una relación rota por un sueño. Un sueño que tuve hace dos noches. Un sueño poco común en mi. Un sueño~recuerdo. Recordándola a ella. Oh, a ella sí que la amaba. Con toda mi alma, mis fuerzas, mi talento, mi tesón, mis ganas, toda mi capacidad volcada en complacerla, en adorarla, en hacer que se sintiera a gusto, en casa. Seiscientos cuarenta y dos días pasé con ella, amándola desde el primer beso hasta el último aliento. Sí, la echo de menos. Y lo ha pagado quien no se lo merecía.
Todo es mi culpa; y les pido perdon. A las dos, a una por romperle el corazón; a otra por no aprovechar más mis días para hacer de su vida algo más que un sueño. Pero una ya no está, la eché. Y la otra tampoco está, se fue. Y no volverá.
Y podré seguir enviandole cartas, que nunca le llegarán. Nunca las leerá. Nunca recibirá la pequeña gota de la miel de mis venas que adjunto con ella. Ni el valor de mi aliento que, aún carente ya de precio, busca rescoldos y ruinas entre los que mirar hacia un lugar más seguro, un lugar más fértil, más apacible, donde los sueños se hagan realidad y hasta los recuerdos se repitan.
2:47 Una lágrima cae, mezclándose en mi mejilla con el sudor de mi frente.
Hace calor. Mucha calor. Me cuesta pensar y descansar en un mundo que me es tan antagónico.
Necesito una ducha de Nitrógeno líquido a presión.

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